Cuidado del pie
Cómo cuidar tus pies en verano sin descuidar la piel
Consejos prácticos para prevenir sequedad, rozaduras, durezas y pequeñas heridas durante los meses de calor.

El calor cambia la forma en la que sufre el pie
En verano usamos calzado más abierto, caminamos más tiempo y exponemos la piel a calor, arena, piscina y cambios de humedad. Todo eso puede favorecer grietas, rozaduras, durezas o pequeñas heridas.
La clave no es solo hidratar. También conviene revisar la piel con frecuencia y elegir bien el calzado de cada momento.
Hidratación diaria, pero con una zona que conviene evitar
Aplica crema hidratante en talones, planta y dorso del pie, especialmente por la noche. Evita dejar exceso de crema entre los dedos, porque la humedad mantenida puede favorecer maceración e irritaciones.
Si aparecen grietas profundas, dolor, sangrado o una zona que no mejora, es mejor pedir valoración podológica.
Calzado fresco no significa calzado sin sujeción
Las chanclas pueden servir para piscina, playa o ducha, pero no son buena opción para caminar durante mucho tiempo. Para paseos largos es preferible usar sandalias con buena sujeción en talón y empeine, una suela estable y espacio suficiente para los dedos.
Un calzado demasiado plano o inestable puede aumentar molestias en talón, gemelos o zona metatarsal.
Revisa pequeñas heridas antes de que compliquen
Después de playa, piscina o caminatas, revisa dedos, planta, talones y zonas de roce. Una pequeña herida puede pasar desapercibida si hay durezas o pérdida de sensibilidad.
Las personas con diabetes, problemas circulatorios o alteraciones de sensibilidad deben extremar esta revisión y mantener controles periódicos.
Cuándo conviene consultar
Pide cita si notas dolor persistente, grietas que no cierran, durezas dolorosas, cambios de color, picor entre los dedos, mal olor persistente o una uña que se clava.
Una revisión a tiempo suele evitar tratamientos más largos después.


